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Realizamos un videoclip para una banda de Rock

Realizamos el videoclip de "The Great Wall", single de Thinking About Elephants: más de 10 localizaciones y un rodaje de dos días.

Cuando pensamos en un videoclip, solemos imaginar semanas de rodaje, un solo escenario y mucho margen para repetir tomas si algo no sale bien a la primera. La realidad de la mayoría de proyectos musicales, sobre todo cuando se trabaja con bandas emergentes, es justo la contraria: la disponibilidad de todos los miembros del grupo coincide en muy pocos días, y hay que decidir entre reducir la ambición de la historia o encontrar la forma de hacerlo todo caber en el tiempo que hay.

Con Thinking About Elephants nos encontramos justo en ese segundo escenario. Teníamos una historia que contar —con arco emocional, con un conflicto que atraviesa todo el vídeo y una resolución que necesitaba sentirse merecida— y solo dos jornadas de rodaje para conseguirlo, repartidas en más de 10 localizaciones distintas. Nada de margen para repetir un plano sin necesidad, nada de días de reserva por si el tiempo se complicaba. Así fue como planteamos y resolvimos el proyecto.

El Plan

Thinking About Elephants, banda madrileña, nos encargó el videoclip de «The Great Wall», su nuevo single. El proyecto no era solo grabar a la banda tocando: querían contar una historia con hilo narrativo propio, que acompañara la canción de principio a fin.

La historia sigue al protagonista, el cantante del grupo, que a lo largo de todo el vídeo no deja de recibir llamadas y mensajes tóxicos de una ex pareja. Ese conflicto lo persigue escena tras escena, condicionando su estado de ánimo, hasta que en la última parte del vídeo finalmente rompe con ella. A partir de ahí cambia por completo el tono: todo el grupo sale a celebrarlo, y el vídeo cierra con la escena de un concierto, como liberación después de todo el peso narrativo anterior.

El otro gran condicionante del proyecto fue el tiempo: solo teníamos dos días de rodaje, la única disponibilidad real de la banda, para grabar una historia que necesitaba más de 10 localizaciones distintas. Eso obligó a planificar el proyecto casi como una producción de cine en miniatura, con cada jornada de rodaje calculada al minuto.

El Proceso

Con solo dos días por delante y más de 10 localizaciones que cubrir, el primer trabajo fue de logística pura: organizar un itinerario de rodaje que permitiera desplazarnos de un lugar a otro sin perder tiempo de luz ni horas de equipo. Cada localización tenía que aportar algo distinto a la historia —el peso emocional del protagonista, los momentos de tensión con las llamadas y mensajes, la explosión final de celebración y el concierto— así que agrupamos las escenas por energía narrativa además de por cercanía geográfica, para que el rodaje fluyera sin saltos bruscos de intensidad entre localización y localización.

Foto de making off.
Resultado de la escena tras procesamiento de color y edición.

Durante el rodaje, gran parte del reto fue mantener la coherencia emocional del protagonista a lo largo de tantos escenarios diferentes. El conflicto con la ex tenía que sentirse presente de forma constante, sin necesidad de repetir el mismo recurso una y otra vez: unas veces a través de una llamada que interrumpe un momento, otras con un mensaje que el protagonista lee y guarda, otras simplemente con su actitud en escenas que en apariencia no tenían nada que ver con ella. Ese hilo conductor tenía que sostenerse durante casi todo el vídeo para que la ruptura final tuviera el peso narrativo que buscábamos.

La última localización, la del concierto, se planteó como recompensa visual después de todo ese recorrido: el cambio de energía debía notarse de inmediato, pasando de los espacios más íntimos y tensos del resto del vídeo a la explosión colectiva de la banda tocando en directo. En montaje, ese contraste de ritmo y de luz fue clave para que el espectador sintiera el alivio del protagonista al mismo tiempo que lo siente él.

El Resultado

El resultado es un videoclip que cuenta una historia completa en el tiempo de una canción, con un arco emocional claro: conflicto, ruptura, celebración y concierto. A pesar de las limitaciones de tiempo, conseguimos cubrir más de 10 localizaciones sin que se notara la premura del rodaje, manteniendo la coherencia visual y narrativa de principio a fin.

Este proyecto refleja algo que nos gusta especialmente de trabajar con bandas: la música ya trae la emoción puesta, y nuestro trabajo es construir alrededor de ella una historia que el espectador quiera seguir hasta el final. Podéis ver el resultado final aquí:

El videoclip de «The Great Wall» demuestra que la falta de tiempo no tiene por qué ser un obstáculo cuando la planificación está bien hecha: en dos días conseguimos lo que normalmente hubiera necesitado una semana de rodaje. Es un proyecto que nos deja con ganas de seguir contando historias dentro del mundo de la música.

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